1- Introducción

Es frecuente que en el proyecto de las instalaciones de un edificio se tenga muy en cuenta el coste de la inversión inicial, incluyendo los materiales y su instalación, pero no se valore suficientemente el coste acumulado a lo largo de todo su ciclo de vida.

Costes directos: Los costes relativos a una puesta en marcha correcta, el consumo de energía, los costes de operación, el mantenimiento y la reparación de las averías a lo largo de la vida útil de la instalación, e incluso los costes de rehabilitación, renovación y desmantelamiento son siempre mucho más importantes que la inversión inicial.

Costes indirectos: Otros costes, normalmente más importantes que los costes directos, que deberían valorarse en un proyecto correcto son los posibles problemas ambientales o sanitarios, como los riesgos de proliferación de la legionella, las consecuencias económicas de los tiempos en que la instalación está fuera de servicio, o los posibles accidentes y responsabilidades.

Lo que más conviene siempre a la Propiedad que además explota la instalación, es la calidad del servicio y el conseguir que esta se pueda seguir utilizando durante el mayor tiempo posible, con el mínimo de paradas técnicas, sin nuevas inversiones y al menor coste posible a lo largo de su ciclo de vida.

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